LA CULTURA DE LO QUE SOY

F84E8179-DB10-4977-8607-2F82118CE89E.pngLa cultura de trabajo es propuesta, proyectada y acentuada por las grandes empresas en las grandes urbes con el fin de aumentar sus ganancias. Ellos piensan en crecer y mejorar sus carteras de venta con la preparación de sus empleados. Las empresas privadas van en búsqueda de tener empleados comprometidos con la visión, trabajo y desarrollo de la entidad. Muchos ven como un buen negocio la enseñanza de lo que es el trabajo como cultura, pensando solo en alcanzar sus propios intereses. La cultura de trabajo no empezó ayer, porque tiene años de proyectarse entre las familias más pobres, hasta llegar a crear familias más pudientes dentro de las diversas sociedades del mundo. Claro que han habido fallas y tropiezos, y muchas familias no logran salir de su estatus de pobreza como quisieran. Hay muchos que no fueron ayudados, y ellos mismos no supieron lidiar contra cultura en los hábitos viciosos para alcanzar una mejor calidad de vida. Muchas familias pobres simplemente no encontraron el camino a nuevas oportunidades. El tiempo y la sociedad les negó a las familias más escasas una oportunidad de superación y bendición económica. Muchos se ambientaron solamente al salario necesario para subsistir, sin pensar en obtener ganancias para largo plazo. La cultura del trabajo debe ser impulsada con más oportunidades para los que tienen menos, y en algunos casos para aquellos que no poseen nada. Una gran parte de lo que es la responsabilidad y la conciencia social sobre lo que es la cultura del trabajo la tienen los gobernantes. Existe otra parte muy importante que le corresponde hacer a las empresas privadas y a la sociedad en general para colaborar con ese mal crónico en sociedad a la falta de oportunidades para los trabajos justos. Fomentar la cultura de trabajo junto con la educación son dos grandes retos actuales en la sociedad moderna. Yo soy la tercera generación desde mi abuelo que nació entre las ultimas dos décadas del siglo 18 (año 1800). Mi abuelo era un joven de uno 22 años aproximadamente, cuando entró al siglo 19 (año 1900). Ha pasado más de un siglo, y siendo yo una tercera generación, veo la edad longeva de mis ancestros, y las oportunidades que Dios me ha dado desde entonces. Creo que yo soy el que llegó a tener más oportunidades de educación, porque mis padres y mis hermanas lograron superarse poco a poco en la vida para darme lo mejor. Yo digo: “Para soñar no hace falta estar dormidos“. Ahora vivo en los Estados Unidos soñando para lograr hacer algo por mi descendencia y por los demás a través de mi trabajo. Y ésta es parte de mi historia….. 

MI AMBIENTE Y MI EDUCACIÓN 

Desde niño en mi país, supe lo que era el trabajo duro por lo que vi y viví con mis padres y hermanos. Observé a mucha gente laborar y eso me enseñó a hacer lo mismo. Nací en una finca de cafetales, en donde los residentes del lugar no eran dueños de nada y se conformaban con menos del salario mínimo. Si querían ganar más, la gente tenía que incrementar sus horas de trabajo, incluir a sus hijos (hasta el más pequeño de 6 o 7 años si fuera posible), y enseñarles a colaborar para hacer las tareas familiares y obtener mayores ganancias. Los trabajos de fincas cafetaleras son pesados, y duran por ciclos repetitivos durante todo el año. Aprendí de los almácigos, la siembra, la limpia, la poda, y la cosecha del café. En la cosecha supe de la tapisca del café, y de cargar los canastos hasta llenarlos al copete. Lo más duro era tapiscar desde temprano el fruto del café, y con los árboles más altos y llenos del sereno nocturno, o mojados por la lluvia. Por si no lo sabían, las ramas de los árboles de café son muy fuertes y resistentes, no se quiebran fácilmente y se pueden doblar casi hasta el suelo, y después volver a su estado normal en sus troncos. Después de la tapisca venían los trabajos de cargar a lomo y con mecapal cada uno de los costales llenos, y llevarlos a la casa para hacer la separación del café verde y del maduro. Eso significaba vaciar cada costal, escoger y separar, volver a llenar los sacos; y luego, cargarlos al lugar de depósito para los asuntos de cuenta y registro de la labor de cada jornalero. Para mantener la provisión de la casa, se hacía el rebusco del café o lo que comúnmente le llamaban la “pepena”. Eso consistía en ir después de la cosecha a recoger los granos del café caídos al pie del árbol y llevarlos como parte de la propia provisión para la casa. El grano de café se ponía por algunos días bajo el calor del sol y se machacaban después en morteros caseros (era un tronco de árbol con una perforación de forma cóncava para poner el café por dentro). Luego, el café ya sin su cascabillo lo doraban o tostaban al fuego sobre los comales de barro. Por último, se molían a mano para guardarlos para el consumo diario. Nunca faltaba las jarra llena de café junto al fuego para servirse cuando uno quería beberlo. 

Para mantener la provisión del fuego, se tenía que cortar la leña y llevarla sobre el lomo a la casa. La leña se conseguía en los tiempos de la poda, y durante un buen tiempo del verano para juntarla y tenerla lista para los tiempos de invierno. Aprendí a hacer los nudos y como cargar en mis espaldas la leña que mi mamá requería para el fuego. También aprendí desde niño a usar el hacha para partir los trozos de leña más gruesos en rajas listas para quemar en el fuego. Me recuerdo que de niño los tiempos de la cosecha fueron los más alegres y divertidos. Sucedía que en la cosecha era el tiempo de las vacaciones de la escuela, y eso significaba más fútbol y más centavos para el día Domingo como premio por la ayuda en el corte del café. A pesar de ser los más pobres teníamos ciclos de diversiones con juegos tradicionales de la niñez en mi lugar de origen. En mi adolescencia las cosas cambiaron para mi, y es donde considero lo bueno y maravilloso que es tener una familia, donde los mayores velan por el bienestar y prosperidad de todos. Mis hermanas hicieron el esfuerzo entre ellas, y me llevaron a la ciudad para estudiar y eso fue lo que cambió el rumbo de mi vida para ese entonces. Vivir en una finca productora de café, aunque la gente se mantenga pobre, eso no significa que sean infelices. En el tiempo de mi adolescencia, tuve estudios y realicé varios trabajos en mi país, lo cual es ya otra parte de mi historia. Fueron 16 años los que trabajé para una organización cristiana, iniciando en 1981 y cesé mis labores con ella en el año de 1996, viviendo ya en los Estados Unidos. Luego de adulto, también laboré temporal y ocasionalmente en distintas posiciones de empleo desde el año de 1996 en este país del Norte. Por ejemplo, trabajé haciendo labores de mecánica, sin saber casi nada y solo recibiendo órdenes de lo que tenía que hacer. He sido ayudante de tapicería en casas, jardinero, y empleado de restaurante de comida rápida. En total, y en lo que llevo de vida en este país Americano, he trabajado por un poco más de 33 años a la fecha. Los trabajos seculares que he tenido cuentan en mi récord laboral en los Estados Unidos. Secularmente he trabajado en dos compañías prestigiosas en donde finalmente he logrado estabilidad y ahorro monetario hasta que llegue a mi retiro. 

EL CAMINO AL PROGRESO 

Lastima que para mantener en pie esa cultura del trabajo en los más pobres, no se incluyó un énfasis en la educación. Hablo retrospectivamente en relación a lo que he visto y he vivido. En mi país natal me di cuenta que en ningún momento se llegó a más incentivos a los trabajadores, solamente se dieron aquellas motivaciones que se relacionaban con las fiestas patronales y sus pocos entretenimientos. Muy poco se estimuló el desarrollo laboral con incentivos de promoción y aumentos salariales. Los campesinos no contaban con nuevas herramientas de educación sobre la materia prima con la cual laboraban. Me di cuenta que los jornaleros vivían, criaban hijos, y les heredaban la misma forma y cultura de trabajo sin promesas de progreso y bienestar para el futuro. La gente en el lugar donde nacen ahí mueren, sin haber tenido acceso a tratamientos médicos y cuidados preventivos para una buena salud. Creo que las fincas y las empresas con vastas riquezas y tierras productivas, se han manejado con el dicho: “sálvese quien pueda”. Es en estos casos donde veo la necesidad de promover una cultura de trabajo que genere beneficios para los que se parten el lomo con sus tareas. Aunque los gobiernos necesitan intervenir con más efectividad en estos casos, la gente no puede quedarse de manos cruzadas. Ya el camino está marcado por los padres con el duro trabajo que hicieron, al estar preparando a sus descendientes con los conocimientos básicos de la vida. Espero que muchos se motiven para salir adelante con lo que ya aprendieron, y con lo que ahora es considerado un legado de sus padres. Si no hubieran otros medios de preparación para un mejor progreso, es imprescindible proponerse una meta personal para salir adelante. Si se puede, y muchos pueden lograr cosas mejores con su esfuerzo laboral. 

La Biblia dice: “Ve a la hormiga, oh perezoso; observa sus caminos y sé sabio.” -Proverbios 6:6*. — No se puede depender totalmente de lo que otros hagan, ni de la propiedad privada, ni de la intervención gubernamental; es necesario la confianza en uno mismo para progresar. Hay otras fuentes aparte de las convencionales para probar con fe, iniciativa, perseverancia; y sobre todo, con la confianza de alcanzar un mejor futuro para las generaciones por venir. La Biblia dice: “Encomienda á Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.” -Proverbios 16:3. — Otra versión interpreta esas palabras de esta manera: “Pon todo lo que hagas en las manos del Señor, y tus planes tendrán éxito.” — Es muy importante la fe en Dios para salir de un estatus de menos a más, de vivir en miseria a vivir en riqueza, de tener maldición a tener bendición. Hoy las nuevas generaciones necesitan aprender con filtro, tomar lo bueno y desechar lo malo de sus ancestros. Las nuevas generaciones necesitan apoderarse de valor para entrar a nuevas oportunidades con trabajo y educación, como las mejores herramientas para progresar. Los años de mi preparación para enfrentar la vida quedaron atrás. Hay todavía muchos recuerdos que son dolorosos de un ambiente que no podíamos cambiar en mi familia, a menos que saliéramos de ahí para crear un ambiente propio y diferente. Eso fue lo que hicieron mis hermanas, salir poco a poco para ver nuevos horizontes. Hubieron sacrificios, y uno a uno se fueron dando los pasos con los miembros de la familia que se decidieron al cambio. Mis hermanas mayores fueron valientes y esforzadas, y por ellas la familia emigró de un lugar a otro para la superación. Esta cultura familiar de trabajo es la mejor herencia que he recibido de mis padres, de mis hermanos y de mis hermanas. 

CONCLUSIONES 

Al haber trabajado secularmente he tenido la oportunidad de una superación en muchos aspectos que no hubiera tenido antes en el trabajo del ministerio cristiano. Tal ves no les sucede a todos; pero a mi sí, y este es mi caso. He trabajado por muchos años de mi vida desde mi niñez, mi juventud, y ahora en mi edad adulta, y considero que ha valido la pena. Debido a las responsabilidades que atañen a tener una esposa e hijos, he tratado de ser responsable y buen ejemplo para mis descendientes. He procurado darles lo mejor que he podido con ganas, tesón, disciplina y perseverancia en mis labores. Mientras he trabajado materialmente por todos estos años, también he hecho el ministerio de la predicación y la enseñanza paralelamente con dedicación y esfuerzo. He sido como muchos hombres de Dios devotos y fieles en la misión que se me encomendó en el ministerio. Esta es la razón por la que comparto lo que sé, lo que tengo, y lo que estoy viviendo hasta el día de hoy. Estoy preparado para mi retiro o la jubilación laboral relativo a lo material, y espero en Dios tener en la vida las fuerzas para lograr otras de las metas que me he propuesto. Agradezco a Dios y a las personas que Él ha puesto en mi camino para llegar a estas nuevas oportunidades. Respecto al ministerio espiritual no pienso retirarme hasta que Dios diga lo contrario. Seguiré y trataré de mantener la antorcha encendida por el camino que tengo por delante. No ha sido fácil hacer el ministerio, y a la vez bregar en la lucha por un trabajo digno para la superación personal. Una cosa he decidido, aunque sea escabroso el camino, lo seguiré intentando una y otra, y otra vez, hasta el final. 

*Los versos bíblicos corresponden á la versión Reina Valera. 

Si desea compartir y copiar todo ó una parte de estos escritos, por favor de crédito al autor de ellos con el nombre: http://www.ovidiobarrios.wordpress.com 

Publicado por ovidiobarrios

Me considero dichoso de tener una familia integrada, principios cristianos; y sobre todo, de tener mis metas y mis sueños enfocados en lo que creo. Esta vida es para aprender a vivirla con entusiasmo y energía. Sobre todo, considerando a aquel que nos sostiene con aliento de vida desde que nacemos, hasta que demos el último suspiro. Dios es el creador de todo. Es el autor de la vida y de todas las cosas que nuestros ojos pueden ver. Dios no es la naturaleza. Dios es el creador de la naturaleza. El es invisible, sabio, omnipotente y misericordioso. Su gracia se muestra en el amor por medio de Jesucristo, el Señor. Su vida entregada en la cruz, es la muestra mas grande de amor para toda la humanidad. Sencillamente, "el don inefable de Dios."

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