PERSISTENCIA EN LA ORACIÓN

CÓDIGO 3

«Y propúsoles también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar.» -Lucas 18:1.

Una historia muy sencilla dicha por Jesús siempre tiene un contenido muy profundo y revelador de lo que son los designios divinos en códigos secretos de vida espiritual. Una parábola es una propuesta de análisis en niveles de enseñanza, para una vida exitosa delante de Dios. Con diligencia en la meditación y composición en los pensamientos, surgirán lecciones básicas é importantes, para el desarrollo del estudio de la Biblia. Dos puntos importantes en la parábola de Jesús, son: «la necesidad de orar siempre, y no desmayar…«; con esas premisas bíblicas, cada discípulo puede emprender una vida devocional muy fundamental. Para la práctica de oración se necesita fuerza y disciplina de un espíritu dependiente de Dios. Las razones para orar siempre benefician al que ora.

Los componentes de la parábola, tienen la referencia de dos protagonistas en un caso de autoridad y de justicia. Había un juez injusto que no tenía temor de Dios, ni tampoco respetaba á ningún hombre. También había una mujer viuda que venía continuamente al juez, para pedir que él le resolviera el caso en contra de su adversario. Sin embargo, el juez no le hizo caso á la mujer por cierto tiempo. Un día cansado por la insistencia de la mujer, el juez dijo: «…le haré justicia a esta viuda, porque no me deja de molestar; para que no venga continuamente a cansarme.» -Lucas 18:5. (RVA) — Según la parábola de Jesús; á ésta parte de la historia, es donde se debe poner mayor atención, porque aquí es donde se encuentra la clave de lo que el juez decidió hacer en favor de la mujer.

Al final de la pequeña parábola que Jesús enseñó, dice: «Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.» -Lucas 18:6. — Un juez terreno parece ser muy autosuficiente debido a su posición de autoridad y honor. La manera de pensar de un juez terrenal pudiera depender del orgullo y el egoísmo. Los jueces humanos podrían estar inclinados á los prejuicios y favoritismos, y tener intereses terrenales é injustos. En esos detalles se enfoca la parábola de Jesús, para mostrar los aspectos terrenales que predominan en la sociedad. La respuesta del juez favoreció á la mujer, aunque solo fue por criterio personal y conveniencia temporal. Además, un juez terrenal no es la persona más cercana á la gente, sino la persona que se le tiene que buscar, para resolver los casos legales en sociedad.

Por lo tanto, la comparación que hace Jesús en la interpretación de la parábola; está claramente fundamentada en dos cosas: La intolerancia del juez injusto y arbitrario, la persistencia de la mujer necesitada. La figura de un juez representa una autoridad que aplica las leyes de la justicia sobre los transgresores, y defiende la causa de los más vulnerables. Un juez terrenal interviene por los asuntos temporales de la vida. No obstante, tratándose de Dios como un Juez, su justicia prevalece; especialmente, con los que son escogidos y justificados por la obra de quien aboga por su causa. Dios es un Juez justo, longánimo, generoso y paciente con los necesitados. El juez está de intermediario entre aquellos que tienen diferencias y necesitan soluciones justas.

En cuanto á la viuda necesitada, ella era muy insistente en su petición de justicia delante del juez. Por lo tanto, quienes persistan en su clamor, aunque el Juez divino les haya ayudado en más de alguna ocasión, de ninguna manera se desesperará por la insistencia de los necesitados. El Juez Justo y eterno no cambia y siempre está disponible para quienes le claman á Él de día y de noche (Lucas 18:7). Ninguna petición en clamor, oración ó plegaria será inoportuna para el Señor y Juez de toda la Tierra. El Juez celestial estará más que atento para responder á las necesidades de los que son persistentes en la oración (Lucas 18:8). Si el juez injusto desesperó por la constancia de la mujer con su petición; el Juez divino no desespera ni cambia su carácter benévolo y justo, con los que le claman con insistencia.

La iglesia al principio oraba con perseverancia. La Biblia, dice: «Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.» -Hechos 2:42. — La vida integral de la iglesia, ha incluido el tiempo devocional de la oración continúa y persistente. Quien más enfatizó la vida devocional de oración fue el apóstol Pablo. Quizá el verso más corto del tema de la oración persistente, es el que dice: «Orad sin cesar.» -1 Tesalonicenses 5:17. — El versículo es fácil de memorizar; pero, no imposible de practicar. Pablo también, dice: «Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos,…» -Efesios 6:18. — Las rogativas fervientes, deben ser influenciadas por el Espíritu.

Los medios para entender que se debe orar con insistencia, están en la propuesta de la parábola de Jesús. Por lo tanto, el código secreto está en la persistencia en la oración. La terminología de la persistencia se combina con la insistencia, consistencia, resistencia y desistencia ó renuncia de lo que requiere perseverancia. La persistencia es parte de la perseverancia; ya que perseverar consiste en la duración del tiempo que se usa, respecto á la existencia de alguna cosa. La perseverancia es la firmeza y la constancia de hacer algo que la persona desea. La parábola de Jesús sirvió para entresacar la lección de la insistencia en la oración. El tema de la persistencia en la oración fue claramente expuesta, muy específica en sus detalles, y entregada sin rodeos y sin tapujos de parte de Jesús á sus discípulos.

*Los versos bíblicos corresponden á la versión Reina Valera.

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PERDÓN EN LA ORACIÓN

CÓDIGO 2

«Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también á vosotros vuestras ofensas.» -Marcos 11:25.

Las tres vías del perdón, son: El perdón de Dios por los pecados personales, el perdón al prójimo por la ofensa que consciente ó inconscientemente hizo, y el perdón del ofendido hacia quien le agravió, para su propia sanidad. El ser humano tiene casi los mismos prejuicios del perdón en cada una de las tres vías mencionadas. En cuanto a pedir perdón a Dios; hay justificaciones personales, tales como: No se si Dios existe, si me oye, ó si Él me quiere perdonar. Otros se justifican diciendo: Todos pecan; además, hay otros que hacen cosas peores, y lo mío no es para tanto. Otros clasifican los pecados por chicos ó grandes, por blancos y negros, y por simples errores humanos. Y finalmente, algunos piensan que no es necesario pedir perdón á Dios; porque seguirán haciendo lo mismo todo el tiempo, considerando que no pueden y no quieren cambiar. Pedir perdón á Dios es la parte más difícil, para la mayoría de los seres humanos. El humano sabe que el perdón implica retractarse y tomar un camino distinto de conducta y pensamiento. Si se trata de merecer el perdón De Dios, ningún ser humano es digno y merecedor del indulto divino.

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Si existieran otras más de todas las justificaciones mencionadas y relativas al perdón de Dios, imagínese las que habrá en relación al mismo prójimo. En cuanto al perdón humano, ni quien extienda el perdón es mejor, ni quien recibe el indulto es merecedor. Venga de donde venga, y de quien venga; el perdón es y será una medicina efectiva, para el mejor proceso de la sanidad de un alma. El código secreto del perdón inicia en la oración. En el acercamiento á Dios en oración; el alma se quebranta, se humilla, se rinde y se somete, para depender de la voluntad divina. La parte más vulnerable del creyente ante Dios, se expone en la oración. Sin embargo, en oración también el creyente puede ver que como un peticionario quiere ser liberado y sentir alivio en su interior. Por lo tanto, en oración el creyente se puede ver á sí mismo, retrospectivamente. Jesús sabía que en oración el alma del necesitado quiere saldar sus deudas pendientes y enmendar todos sus errores ante Dios. Por tal motivo, Jesús mencionó que perdonar es otorgar ó ceder el derecho de libertad á otros. La falta de perdón es como condenar á un encierro mental al culpable que ofendió y pecó contra el otro.

Dos hermanos vivieron hechos que marcaron sus vidas, desde que nacieron hasta que murieron. Los mellizos eran de una ascendencia bendecida, ejemplo de la autonomía en las decisiones más importantes de la vida. El embarazo de la madre de ambos hijos en su vientre fue sobrenatural, porque fue un designio divino. Desde que estaban en el vientre, ambos descendientes rivalizaron y pelearon por nacer. Uno de los hijos quería ser reconocido como primogénito sobre el que nació primero. Por lo tanto, la madre de ambos fue temerosa de Dios y consultó en oración al Señor. Divina y proféticamente se habló de los hijos de Isaac y Rebeca, como pueblos ó naciones. Los mellizos nacieron con características distintas el uno del otro. El que nació segundo en el parto, venía trabado del primero de su calcañar. Se trata de la historia de Esaú y Jacob (Génesis 25:19-26). Esaú y Jacob crecieron como dos hermanos comunes en la casa de sus padres. Uno se dedicó en la cacería de animales y al campo; mientras el segundo habitaba en tiendas, y fue más tranquilo que el primogénito.

Dentro de lo familiar; Esaú el hijo mayor, fue muy descuidado y conformista en el carácter, y desalineado en la ambición de la bendición paterna. Por el contrario; Jacob el segundo, fue ventajoso, suplantador y engañoso. Esaú demostró que no quería la bendición de la primogenitura y la negoció con su hermano. Esaú le otorgó un derecho á Jacob con bajos intereses, y que le causaría grandes pérdidas. Entre tanto, Jacob procuró ilegítimamente la bendición paternal y la logró según sus términos egoístas (Óseas 12:2-3). No obstante, se cumplió la profecía que Dios anticipó respecto á cada uno de ellos (Génesis 25:19-26). La Biblia, dice: «Que ninguno sea fornicario, ó profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado (que no halló lugar de arrepentimiento), aunque la procuró con lágrimas.» -Hebreos 12:16-17. — La vida de Esaú fue compleja y resentida contra Jacob; tanto así, que dispuso decididamente matar a su propio hermano Jacob (Génesis 27:41).

Finalmente, Esaú no le dio lugar al arrepentimiento; pero sí le dio cabida, al resentimiento y á la amargura de su corazón. La raíz de amargura es el producto de la falta de perdón. Tanto Esaú como Jacob, son ejemplos de vidas suscritas ó derivadas á la presencia ó la ausencia del perdón mutuo (Génesis 27:44-45). Así como á Esaú, las consecuencias del disgusto le alcanzarán á cualquiera, hasta afianzarse en sus generaciones (Génesis 28:6-9). Igualmente, Jacob vivió atemorizado por la posible pérdida de su vida y la de su familia; á causa del resentimiento de su hermano Esaú, quien lo acusaba todo el tiempo (Génesis 32:11). Por lo tanto, las palabras de Jesús respecto al perdón, están cargadas de la sabiduría de lo alto. La mejor satisfacción que se encuentra en la oración, es la descarga del perdón. La mejor medicina para el espíritu, el alma y el cuerpo está codificada en el perdón. Recuerda que Job sanó completamente, hasta que oró por sus amigos. Sobre todo, recuerda que la última oración de Jesús al padre, incluía el perdón de sus verdugos. Recuerda que el perdón de Dios viene por el amor.

Quien quiera que sea (el ofensor ó el ofendido), cada uno tendrá su propio proceso de los hechos que marcaron su vida. El ofendido en tal caso, es quien debe manejar su propio proceso, para evitar un daño colateral. De lo contrario, el ofendido pondrá un boicoteo mental que interrumpirá la mutua relación con aquel que lo agredió, y con la sanidad que necesita consigo mismo. La falta de perdón, no solamente evidencia la agresión recibida externamente por otro, sino que también evidencia los resultados internos de la agresión en sí mismo. Después de todo, por la ofensa de otro, el ofendido siente lo amargo que es el resentimiento. Además, si la ofensa hecha hirió los sentimientos; la falta de perdón será una presión que abrirá más la herida del resentimiento, sin la esperanza de una sanidad eficaz. Por lo tanto, el perdón es el código secreto de la lealtad, la libertad y la tranquilidad de un peso que condena y aprisiona el alma. El perdón es la sanidad interior del ofendido, aunque el agresor ni siquiera se dé por enterado.

*Los versos bíblicos corresponden á la versión Reina Valera.

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