La vida y el ministerio de Jesús sigue y seguirá siendo un gran ícono de liderazgo entre los seres humanos. No importa cuánto se diga en contra de Jesús, son millones de personas en el mundo que lo imitan y lo siguen. Quienes sólo juzgan a Jesús de intolerante, es porque no pueden ver el celo que tenía por la verdad. Si algunos ven a Jesús con antipatía, no es porque no admitan la capacidad de liderazgo que ostentaba; sino porque ellos no pueden aceptar con humildad la vida de integridad que el Señor tuvo. Hablar de Jesús, es hablar del hombre amoroso, tierno, compasivo, valiente, atrevido, desafiante, paciente y elocuente. Muchas de las características de Jesús fueron expuestas pública y privadamente. Si quieres calzar los zapatos de Jesús, enfrentarás uno de los retos más grandes de tu vida.
No había quien no admirara a Jesús por lo que hacía sanando, por lo que hablaba enseñando y por lo que reflejaba conviviendo entre los demás. Jesús rompió los moldes de la religión, retó a los hombres de posición, asombró a los eruditos de la Ley, así como pasmó a los encumbrados ricachones. — ¡Nunca ha hablado hombre como éste! — Fue una de las expresiones resonantes de los adversarios de Jesús. Además, Jesús convirtió el agua en vino, caminó sobre las aguas, sanó a los enfermos, limpió a los leprosos, resucitó a los muertos y bendijo a los más pequeños e indefensos. Jesús fue, es y será el único y elogiable ser humano como hombre honesto como hijo; y sincero como amigo y compañero. Jesús no encajaba en una sociedad religiosa donde a lo malo le llaman bueno, así como a lo bueno lo llaman malo (Isaías 5:20).
JESÚS Y LA COMPASIÓN HUMANA
Jesús dijo, con autoridad en sus hechos: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.» -Mateo 11:29.*
Jesús mostró su lado humano todo el tiempo, sin guardar las apariencias. Jesús visitó la casa de sus amigos, favoreció a los más pobres con su bondad, bendiciendo a los niños y poniéndolos como ejemplo en su inocencia. Además, Jesús asistió a una boda como invitado, se compadeció y defendió a una mujer infiel y compartió la cena en la mesa de un religioso. Jesús caminó largas distancias con sus discípulos, atendió a las multitudes con su enseñanza y respondió a las preguntas de sus adversarios.
Jesús se cansaba, tuvo hambre y sed; pero también expresaba su gozo y su llanto, en las jornadas agotadoras de su misión. Jesús fue compasivo con la gente, sin importar su estrato económico y las condiciones que los separaba de una relación social con los demás. Tal fue el caso de los leprosos a quienes Jesús sí recibió, tocó y sanó; aún y a pesar de que lo tildaran de repugnante por dejarse contaminar, según ellos. Ningún religioso con compromiso ante los pecadores asumió una cercanía compasiva ante sus semejantes, así como lo hizo Jesús.
JESÚS Y LA RELIGIÓN NOMINAL
Jesús dijo: «Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» -Mateo 23:12.
Algo que caracterizó a Jesús fue su transparencia, llamando a las cosas tal y cual eran. No fue movido por sus emociones, porque siempre dependió de las verdades que enseñó con compromiso y responsabilidad. Jesús fue respetuoso de la Ley, aunque se mostró contrario a los religiosos sin escrúpulos. Jesús fue tajante y radical dentro de la práctica ortodoxa de la Ley; y encaró a las personas religiosas que tomaban ventaja de los demás, porque ellos se aprovechaban mal intencionadamente de los más vulnerables. Jesús fue celoso de las cosas sagradas que eran presentadas a Dios, por eso no toleró la hipocresía abierta de sus practicantes. Jesús defendió el templo y fue compasivo con los que no podían entrar al recinto sagrado, porque eran descalificados por las rígidas reglas de la religión y sus aliados hipócritas.
Podría decirse, que Jesús fue «intolerante» con los extremos y las farsa práctica de rutina, asunto que fue el pan de cada día para los religiosos de la Ley. El atrevimiento de Jesús para llegar a señalar enfáticamente a los religiosos de su tiempo, fue muy claro y evidente. De hecho, Jesús fue rudo y directo con los encumbrados en su propia mente. Los legalismos absurdos fueron atacados por Jesús, y a sus practicantes les dirigió los epítetos más fuertes frente a las multitudes que los conocían. Algunos de esos títulos dados por Jesús a los religiosos legalistas, no se oyen tan agradables cuando son mencionados. Debido a la falta de honestidad de los fariseos, Jesús tuvo que reprenderlos cara a cara y con celo. Toda práctica fuera de lugar de la fe en Dios, siempre será digna de la reprensión del Señor. Ninguna religión por muy ortodoxa que parezca; si se toma a la ligera, siempre será nominal e hipócrita.
JESÚS Y LA CEGUERA DEL LEGALISMO
Jesús dijo palabras sabias con ejemplos simples: — «Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?» -Mateo 7:3.
La aparente religiosidad empieza cuando se señala los errores de otros, sin considerar las fallas propias. Hay cosas que son obvias; pero, eso no significa que la solución es señalarlo como jueces que condenan. La ceguera del legalismo no necesita lentes de aumento, ni corrección en la visión. Está bien apegarse a la formalidad estricta del conocimiento de las leyes; pero, obstruir con una actitud de tendencia altiva a la aplicación de ellas, es ser legalista. El legalismo se arraiga en una persona por su propia justificación religiosa. Quien tenga un concepto más alto de sí mismo, siempre verá a los demás por debajo de sus hombros. Un legalista por lo general se auto justifica de sus actos, porque se estima superior a otros. Un legalista muchas veces no es ignorante del conocimiento básico de las Escrituras; pero, sostiene una interpretación errónea de las leyes Mosaicas y de los Escritos proféticos. No importa el conocimiento adquirido de la verdad, eso no garantiza en ningún momento la aplicación justa y práctica de ella.
Se requiere más que sólo el conocimiento de la verdad, ineludiblemente se requiere la humildad y la necesidad de la obediencia de ella. Un legalista va más allá de las reglas establecidas, para agregar y aplicar sus propias reglas a los demás. El legalista pretende vivir por encima de sus propias reglas del conocimiento, juzgando con facilidad la conducta de los demás. Un legalista aplica reglas de justicia midiendo a otros, sin medir con justicia sus propias acciones y estilo de vida. El legalista convierte su férrea manera de vivir; fundamentándose sólo en las apariencias religiosas. El legalista vive más preocupado por juzgar a otros, que por juzgarse a sí mismo. Cuando las personas se preocupan más por dar su opinión sobre la gente, es porque pretenden vivir más por sus apariencias, muy fuera de la honestidad requerida. Nadie está obligado a tomar una vida legalista; y quien lo hace, sucumbirá bajo la influencia y la tendencia más fácil de vida, basado en las apariencias.
El legalista siempre vivirá en señalamientos en contra de otros, por no buscar el beneficio personal de un auto examen juicioso de sus propios actos. El legalista mira legalismo en otras vidas; pero, no puede discernir dicha práctica en su propia vida. La Biblia condena la justicia propia. Al contrario, la Biblia exalta la humildad como una virtud a la obediencia y a la dependencia de Dios. La humildad es una vestidura que todo ser humano; sin importar si es grande o pequeño, puede vestir. Porque del primero que aprendemos humildad, es de aquel que siendo Dios, se humilló hasta lo sumo. Y Él dijo: «Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón.» -Mateo 11:29. — Porque el que es humilde será ensalzado (Mateo 23:12), y no se trata de una humildad superficial. Por lo tanto, nosotros debemos reconocer el verdadero valor de la humildad. En la posición en que nos encontremos; si somos humildes, Dios promete levantarnos más.
JESÚS Y EL FARISEO RELIGIOSO
El fariseo es un ejemplo de hombre virtuoso y disciplinado; pero, prejuicioso en su trato con los demás. La Biblia desnuda el legalismo y señala sus errores y consecuencias. Los legalistas son como la mala hierba, salen donde menos lo esperas y se multiplican sin necesidad de tener abonada la tierra. El típico fariseo crítico, aparecía donde Jesús estaba. En la escena, en el momento menos esperado y sin previo aviso, surgían los fariseos con sus cuestionamientos maliciosos a Jesús. Los fariseos querían ser siempre los protagonistas, para sobresalir con un papel de importancia en el drama de la vida de los demás. Por tal motivo, en la historia del ministerio de Jesús, los fariseos fueron señalados constantemente por su carácter de intromisión. Algunas características farisaicas más sobresalientes, son:
1- SE CREE CUMPLIDOR (Mateo 12:1-8). La enseñanza de Jesús sobre el Sábado, estriba en la manera exagerada en que los religiosos enseñaron. En otras palabras, todas las reglas alrededor del Sábado, eran caprichos que los fariseos querían a fuerza que todos en Israel las cumplieran. Jesús enseñó que la necesidad se impone sobre una reglamentación justa o injustificada (Lucas 13:15 y 14:5). Jesús les enseñó a los fariseos, así: «También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado.» -Marcos 2:27. — Las obras ceremoniales de los sacerdotes eran permitidas por la Ley todos los Sábados; sin embargo, ellos no eran culpables de infringir ese día con hechos benevolentes. Dios no determinó el Sábado como una razón para condenar a quien lo infringe por lo que haga es día. Por eso, Jesús dijo: «Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre.» -Mateo 12:8. — Un fariseo estaba más pendiente de ver que otros cumplieran, sin preocuparse de verse a sí mismo si él cumplía o si fallaba a la Ley. Por su apego a las leyes y por preocuparse de su cumplimiento, no se daban cuenta que eran tramposos, perversos y asesinos (Juan 5:16).
2- SE CREE CORRECTO (Mateo 16:5-12). Jesús dio una enseñanza a sus discípulos respecto a lo correcto de la doctrina. La doctrina de los fariseos era legalista y no una práctica espontánea de la verdad. Según el contexto, todo lo que un fariseo sabia de las Escrituras era correcto; sin embargo, todo lo que vivía el fariseo con sus intenciones era incorrecto. El estilo de vida de un ser humano que es justo; no se hace correcto por lo que sabe, sino por lo que vive. Una persona que mezcle lo correcto de la verdad con lo incorrecto de su manera de vivir, adúltera la verdad (Mateo 16:4). Si la función de la levadura es adulterar la masa del pan, la función del legalismo es corromper la doctrina de la verdad. La pureza de la verdad se corrompe con la mezcla de la mentira, en la práctica de un legalista. Puedes saber y practicar del diezmo, de la oración, de los mandamientos; pero, aunque lo pongas en práctica, eso no te da derecho de condenar al que no lo hace. El legalismo es exigente con los demás, escondiendo los señalamientos de la propia conciencia.
3- SE CREE LIMPIO (Marcos 7:1-13). Muchas tradiciones de los fariseos consistían en lavarse las manos. Por lo tanto, Jesús dijo llanamente, que los fariseos tenían muchas doctrinas y mandamientos humanos. Cualquiera puede sustituir un mandamiento divino, por cumplir con un mandamiento humano. El dilema de la justicia propia, estriba en el corazón que no está apegado al corazón de Dios. Jesús fue reconocido Maestro en Israel por un Principal de los fariseos (Juan 3:2), porque enfatizó el origen de su llamado y el respaldo divino de sus obras.
Aquí aprendemos, que la razón principal de la autoridad; no la da una posición, sino la manera de vivir en la función de la posición. El problema del legalismo es mayor, cuando se le da valor y validez a una tradición, más que al espíritu o a la médula central de la Escritura. Jesús comparó al legalista con un vaso que se mantiene limpio por fuera, aunque no esté limpio por dentro (Mateo 23:26). Cuando un vaso es sucio por dentro; contaminará por lo que transmita, aunque por la apariencia externa parezca lucir limpio por dentro (Marcos 7:15).
4- SE CREE SUPERIOR (Marcos 12:38-40). Los fariseos se preocupaban de mantener la honra de su posición. El amor desmedido al reconocimiento farisaico, hacia de cada religioso un mezquino por su comportamiento despreciable. Parece ser que en el legalismo, lo normal es cuidarse y cubrirse con las apariencias, en vez de humildemente vestirse con la verdad. Jesús enseñó que no hay nada que esconder con la práctica de la verdad. La mejor versión de un ser humano, es ser él mismo, sin apariencias.
La doctrina de Jesús es la verdad transparente. Es decir, que la vulnerabilidad de un vaso humano debe mostrar su perfil completo, tal y como es en la realidad. Quienes se consideran cumplidores, correctos, limpios, justos, mejores, dignos, sabios, obediente y sin fallas, también lucharán por parecer superiores ante los demás. La apariencia lleva al abuso desmedido de la falsa espiritualidad. Quienes quieren vivir de apariencias, tendrán un juicio mayor de condenación.
5- SE CREE JUSTO (Lucas 10:25-37). El tema del prójimo en la vida de todo ser humano, está relacionado con el amor. Si decimos que amamos a Dios (que está distante), pero no amamos al prójimo (que está cercano); entonces, mentimos (1 Juan 4:20). El que es docto en la Ley sabe los mandamientos; pero sobre todo, que todo precepto se fundamenta en el amor. No obstante, el fariseo astutamente preguntó: ¿Quién es mi prójimo? (vs 29) — Jesús, sabiamente describió a los fariseos, lo que realmente quería enseñarles con los ejemplos que harían un doble impacto en ellos. Primero, porque Jesús les respondía con la verdad; y segundo, porque en sus respuestas les describía a las personas que ellos mismos discriminaban.
Jesús narró una parábola, donde incluía a un fariseo y a un Samaritano. Con la comparación que Jesús hizo de dos hombres en su enseñanza, les dio un doble mensaje al fariseo y al maestro de la Ley. Jesús respondió al fariseo con la parábola; de que su prójimo puede ser más justo, a pesar de ser discriminado por quienes se creen justos. Un fariseo toma su justificación por lo que hace; y de esa manera quedó demostrado en la pregunta que Jesús le hizo (Vs. 25), que sus obras quedan descartadas por Dios.
6- SE CREE DIGNO (Lucas 18:9-14). Una vez más se dice que los fariseos se creen justos; sin embargo, menosprecian a otros. — ¿Cómo puede alguien considerarse digno ante Dios, si menosprecia a su prójimo? — El tema trata de las prácticas correctas del fariseo; tales como el ayuno, la oración, las ofrendas, y el templo. — ¿En dónde está el error? — El error está en tomar la disciplina de la práctica como el resultado de una dignidad, y no como el resultado de una necesidad. La parábola de Jesús, poniendo otra vez al fariseo paralelo al discriminado publicano, nos enseña que la verdadera justificación viene por la humillación en la verdadera necesidad, y no por la propia exaltación en la falsa dignidad.
Las palabras claves de la historia de un fariseo, en contraposición a un publicano en oración, son: Justificación propia, y menosprecio a los demás. En el legalismo la práctica de la oración es correcta; pero, la actitud podría ser menospreciable. La oración falsa, auto justificable, discriminatoria, y petulante; solo convence a quien lo hace, y Dios ni siquiera la oye (Isaías 1:15-17). La oración honesta, sincera, y humilde; trae beneficios espirituales porque eso le agrada a Dios. La verdadera honra para Dios comienza en el corazón, y se transmite por la práctica humilde y sincera de las actitudes en la oración (Isaías 29:13; Mateo 15:8 y Marcos 7:6). La oración que solo pretende honrar a Dios con los labios, será ignorada y aborrecida (proverbios 28:9).
7- SE CREE SABIO (Juan 5:37-40). Debido al acoso de los fariseos, y a las malas intenciones que tenían; Jesús les daba un mensaje claro que los ponía en evidencia. Jesús les decía a los fariseos que el Padre le envió y que de Él venía su respaldo. Aunque los fariseos conocían las Escrituras, ellos se fundamentaban en tradiciones y reglas, más que a la letra de las palabras de Dios. Jesús invitó a los supuestos sabios a volver a escudriñar las Escrituras. Sólo el conocimiento de la letra no le da entendimiento al corazón de ningún ser humano, para que pueda llegar a conocer a Jesús. La letra mata y envanece; pero, el Espíritu de Dios vivifica (Romanos 2:27 y 2 Corintios 3:6).
8- SE CREE INFALIBLE: (Juan 8:1-11). Las palabras de Jesús, siguen siendo un icono del valor que tiene una persona al reconocer sus propias fallas. La historia trata de los escribas y fariseos que creen que son dignos de aplicar el castigo de una ley, en contra de las personas más menospreciadas en sus tiempos. Se trataba de la mujer adúltera; no sólo tenían pruebas contra ella, sino que la tenían sentenciada como culpable. Jesus les dijo a los fariseos: «…El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero.» -Juan 8:7. — Las intenciones de los fariseos eran triples; querían mostrarse justos, tentar a Jesús hallando pruebas contra Él para acusarle; y querían castigar con la Ley, a la mujer pecadora. Un legalista se cree obediente, sin fallas y capaz de señalar y apedrear a cualquiera.
Actualmente, se le llama fariseo a quien tenga un carácter similar de autosuficiencia espiritual, aunque nada tenga que ver con una religión en particular. Un legalista no se podrá comparar jamás con los escribas y fariseos, a pesar de que son más prejuiciosos que ellos. Por ejemplo, el apóstol Pablo habla de los que predican con actitudes farisaicas, diciendo: «Y algunos, á la verdad, predican á Cristo por envidia y porfía; mas algunos también por buena voluntad.» -Filipenses 1:15. — Hay dos corrientes dentro de una práctica que debiera ser sana y sin malicia, con el fin de ganar a otros para el Reino de Cristo con la predicación. Una es la incorrecta y la otra es hecha con buena voluntad.
Tener solamente una «buena voluntad» no es suficiente (según los parámetros bíblicos), a menos que la persona tenga un llamado. Sin embargo, la buena voluntad es de las mejores disposiciones para el servicio del Señor. El apóstol Pablo por ejemplo, tenía un llamado; a pesar de ello, él entendía que se necesitaba más que una correcta intención. Para servir al Señor en el ministerio de la predicación, se necesita ser «obediente» (1 Corintios 9:16). Otras versiones sustituyen la palabra «porfía» por «contienda». Predicar el evangelio es un privilegio; y nadie tiene que tomarlo como merecido, ni mucho menos abusar de la obra de la predicación con alevosía y ventaja. De los fariseos, Jesús decía: Hagan lo que ellos dicen, pero no vivan como ellos viven (Mateo 3:1-2).
CONCLUSIONES
Las reprensiones de Jesús a los fariseos, tienen un señalamiento y una exposición clara de lo negativo que es la hipocresía y su manera de combatirlo, para que se vea la diferencia de unos y de otros. Las frases típicas más duras aplicadas por Jesús durante su ministerio, fueron dirigidas a los que practicaban el legalismo, por ejemplo: Generación de víboras, paredes blanqueadas, hijos de vuestro padre el diablo, ciegos guías de ciegos, hipócritas, y perversa generación, entre otros. Jesús mostró el lado de su celo santo en su personalidad humana, diciendo la verdad a los que la conocían; pero, porque eran rebeldes, sin decencia e integridad en la práctica de su posición.
Si en algo hay que ser «intolerantes», que sea al exceso de justicia propia que muchas veces llena el corazón. La falta de arrepentimiento no permite al legalista ver su propia condición. Además, la altanería carcome el pudor y la decencia de los que se apoyan en la religión. El legalista no llega a ser congruente con sus hechos, cuando estos se comparan con lo que sabe. La vida de Jesús aplicada al corazón, te puede dar el desafío más grande para que puedas vivir conforme a la voluntad de Dios. Jesús fue humilde ante los hombres; pero, a la vez celoso con sus palabras y sus obras. Jesús se humilló ante Dios; pero, jamás lo hizo ante los hombres. La humildad es una virtud que deben practicar los hijos de Dios.
*Los versos bíblicos corresponden á la versión Reina Valera.
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